Lucir una sonrisa bonita y radiante es una aspiración que cuenta cada vez con mayor demanda, y no solo entre los ricos y famosos. Son muchas las personas que acuden al dentista no solo para solucionar problemas dentales, sino para mejorar la estética de sus dientes y darles un blanco reluciente.
Los tratamientos de blanqueamiento dental son bastante sencillos, rápidos y seguros. Las técnicas que se utilizan son indoloras y el dentista es el encargado de determinar qué método y qué color es el más apropiado en cada caso.
Gran variedad de colores
El color de los dientes presenta una gama muy amplia de tonalidades, que viene determinada, como el color de la piel o el cabello, por la herencia genética. El color viene dado por la tonalidad del núcleo del diente, o dentina, que no varía nunca, y por el esmalte, cuya transparencia y capacidad para reflectar la luz dan su tono al diente.
El color del esmalte puede oscurecerse por causas intrínsecas o extrínsecas, y puede afectar a un solo diente, a varios o a todos ellos.
Las causas intrínsecas más comunes son una hemorragia interna, depósitos de partículas en el interior del esmalte, o daños estructurales en el diente.
Los dientes se van oscureciendo con la edad, pero también hay sustancias que propician la formación de manchas, tales como el café, el té, el tabaco, el vino tinto, y ciertos alimentos y medicamentos.
El color que adquirirán los dientes tras el tratamiento de blanqueamiento depende en gran medida del tono original y de las causas del oscurecimiento. Después de ser blanqueados, los dientes tendrán una tonalidad más clara, pero dependiendo siempre del color original del diente. Es decir, el color natural no puede cambiarse, solo aclararse.
Los dentistas disponen de un amplio muestrario de colores, por lo que el paciente se puede hacer una idea muy aproximada de cuál será el resultado final del tratamiento.